
La violencia de género constituye un grave problema de salud pública y de derechos humanos que impacta de manera significativa la integridad física, emocional y social de las personas que la padecen. En el contexto de los servicios de salud, el personal asistencial cumple un rol fundamental en la detección oportuna, atención integral, protección y orientación de las víctimas, garantizando una respuesta segura, ética y libre de revictimización.